Moro y su modelo social: realmente una porquería

El principio básico de toda sociedad es: "algunos tendrán que hacer los sacrificios para que otros vivan y disfruten del trabajo de los primeros". Jerarquía, orden que en todo grupo humano existe depende, inevitablemente, de la detentación del poder. Como dice un pensamiento hecho escritura:"el primero que llega gana". En Utopía el poder se hegemoniza al existir claramente establecidos estamentos políticos y sociales. Los gobernantes predominan basando su poder en la aplicación de leyes rígidas, condicionando de esta forma la vida privada y pública de los utopienses (utopinos). Sin duda, el planteamiento de Moro justifica el mandato soberano, la oligarquía, donde un grupo reducido establece el poder mediante políticas del terror. Es singular que los delincuentes y opositores sean castigados con el oprobio público. Más aún, se les marca con el uso de un metal precioso, el oro, para hacer del castigo la imposición de la perspectiva obtusa de los ingleses de aquella época. Y esto debe, imperiosamente, ser considerado un acto de racismo y xenofobia: no es menor este tema debido a que muchos de los pueblos mutilados y conquistados por los ingleses gozaban de riquezas que en su mayoría eran dedicadas como adornos en la adoración de sus respectivos dioses.
Otro principio de Utopía es la fuerte división en castas. Cada una de éstas, excepto la de los gobernantes, se les impone, mediante la instrucción civil correspondiente, creencias y modos de pensar intransables e inmutables. Se plantea que por el hecho de vivir en una sociedad ideal no existen los vicios propios de una civilización desgastada y egocéntrica. Jueces, ministros, sacerdotes, prosecutores, ejecutores, "Hombres que mantienen el orden al interior de una familia", ciudadanos, pueblerinos, esclavos - estos últimos sin derechos civiles porque se les han quitado todos los rasgos que lo hacen un ser social y por tanto, la calidad civil: el concepto de persona e individuo.
En lo particular, no existe un carácter democrático, ni pacifista ni conciliador. Hablar de democracia es una corrupción de un sistema político y jurídico que ha fracasado pero que lamentablemente aún en estos tiempos tiende a funcionar: la tiranía. A partir de unos pocos "ciudadanos" dotados de los beneficios republicanos se solventa y avala un sistema autoritario basado en el terrorismo de estado y el orden público. Es este orden el que prevalece por sobre la voz de los oprimidos. Incluso, la forma de hacer negocios que mantienen el cuerpo social es una corrupción. La tierra debe ser trabajada para su mayor productividad. Caer en la explotación humana no es difícil. Con el criterio de igualdad y equidad se convence a todo un pueblo que el trabajo de uno fortalece el trabajo y la subsistencia de los demás. El sistema funciona. En el fondo, Moro no propone una comunidad. Propone sutilmente una oligarquía tiránica y esclavista.
Dios es el centro que obligas a los creyentes. Es inadmisible ser un descreído. Así, en el fin, todo se confabula para que unos pocos mantengan el poder. ¡Qué gracioso! Nuevamente se confirma: una mentira se transforma en una gran verdad.