unicidad

Unicidad: ser por sí mismo e irrepetible. Único y sin igual. Singular. Es una búsqueda incansable de algo que se encuentra fuera del hombre y lo identifica. Lo quiere hacer suyo y de nadie más. Contemplar ese objeto y sentirse pleno en la revelación. Acceder a la catarsis. Cada ser humano quiere un objeto de la realidad. Pierde la lógica cuando lo encuentra. Se deja llevar por sus pasiones y es el instinto quien le dice que debe tenerlo. En un acto de profunda conexión con lo básico- la sensación de individualidad- realiza todo lo posible en la obtención de lo necesario: abrigo para el frío, alimento para el hambre, se encontró con el fuego y dispuso de un elemento útil para conseguir herramientas y perfeccionar su modo de vida, techo para protegerse del clima, etc. La lista es larga y contundente. Mientras más evolucionaba, ese objeto se volvió cada vez más abstracto. El ingenio y las herramientas le permitieron construir objetos con mayor prolijidad. Con esto comenzó la admiración de la manufactura y el arte subyacente a la producción. La exposición pública y la admiración llevaron a éstos a espacios reducidos Aunque todos los individuos poseen la capacidad de admirar, obvio, con grados de complejidad distintos dependiendo de la relación establecida entre ambos. Pasó el tiempo. El hombre transformó los objetos en reliquias. Vino la adoración. Vinieron los templos, las construcciones perfectas donde los objetos podían ser idolatrados, guardados en la seguridad de las galerías, lejos de las miradas de los no elegidos. Sin embargo, esos objetos no son, en el fondo, los que cualquiera desea poseer. Quizás por el hecho de la lejanía, lo mausoleico. Las personas necesitan objetos cotidianos, sentirlos cercanos. Al adquirirlos con esfuerzo, el gozo de la observación se plenifica, dando al hombre la posibilidad de conectarse consigo mismo. Se puede hablar de epifanía en el sentido que el objeto se hace evidente y adquiere una dimensión personal inmensa. Producto de esta relación surge la posibilidad de identificarse con el entorno, o por lo menos con algo preciso de él. En el siglo XXI esta adoración se transformó en snobismo. Las personas adquieren objetos no por el sentido de la admiración sino para hacer gala de la posesión del mismo. Muchos de ellos no tienen la menor idea de su propia posesión. Tampoco poseen aquello que los identifica con él. No se realiza la catarsis. De ahí se pierde el sentido de cualquier manifestación del arte, y sobre todo, del sentido de la unicidad de éste. Es decir, se cae en la ignorancia porque no se comprende en su completud el objeto, tanto en su esencia como en su proyección Obtener un objeto único permite la expresión del ego. La representatividad en lo externo acrecienta la existencia, resuelve temporalmente el drama de la identidad, puesto que moviliza al ser hacia fuera, conectándolo con algo concreto de la realidad (el objeto escogido a conciencia). Por un momento, el ser deja la sensación de sincretud (condición sine qua non del hombre) y logra fugazmente sentirse completo, íntegro, en su humanidad. La provocación hacia la integridad personal mueve zonas del egoísmo, mantiene al ser alejado de los otros para realizar, a cabalidad, la relación con el objeto. Sólo se presentan la intención y el mensaje del objeto. Todo queda en suspenso. Llega la satisfacción. Cada vez que se admira, todo el ego se estremece. Muchos seres humanos saben lo que quieren. Sin embargo, no hacen todo lo posible para lograr conseguir lo deseado. El sentido de la unicidad, conectado con el individuo, busca expresarse tanto en la creación como en la obtención de objetos. Si se da el caso que la creación no es personal, el individuo identifica ciertos rasgos de la visión particular del otro, de los cuales toma acuerdo, estableciendo una conexión con un mundo conceptual compartido, una especie de colectivo ideológico, en el cual sentirse a gusto. Existe la posibilidad que la unicidad permita al ser comprometerse y dejar la soledad. Ahora viene la cuestión de cómo construir ese objeto. Traer desde el universo del concepto una idea que puede tener una sustancia en la realidad. Todos los rasgos buscados en un cuerpo, patentes, materiales, sólidos al tacto. Viene a la mente una idea loca: no es tanto la adoración al dios por sí mismo sino que es la adoración de las imágenes representativas que ha creado el hombre las que consiguen finalmente la ansiada epifanía.